Mi viaje a Chile I

¡Saludos a tod@s! Por fin estoy de regreso… muy a pesar mio. Lamento la tardanza en dar noticias y publicar, pero el trabajo que he tenido en diciembre y lo que me espera en enero, no me dan demasiado tiempo libre para sentarme y escribir todo lo que me gustaría contar. Como contaros el viaje de una sentada va a ser muy pesado, lo dividiré en dos o tres entradas, espero que no se haga muy pesado y que podáis disfrutar leyendo al menos la mitad de lo que yo disfruto recordándolo.

He disfrutado de Chile durante 20 días desde el norte al sur, donde he recorrido más de 32.000 km, entre ocho aviones, autobuses y autos (sin contar taxis, o compartidos, ni metro, ni las rutas a pie).

En esta entrada voy a desviar un poco la temática habitual del blog para narraros lo que he vivido y he visto, aunque ahora mismo tener que resumir el viaje parece una misión imposible con la boca tan llena de historias, recuerdos y anécdotas, espero poder trasnmitiros un pellizco de mis sensaciones durante mi estancia en Chile siendo lo mas breve posible.

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Santiago de Chile con Los Andes de fondo

Mi llegada a suelo chileno, acompañado de mi amigo Carlos, fue el 19 de noviembre y ya antes de aterrizar habíamos disfrutado de las vistas de los Andes desde el aire: eterna cadena montañosa, seminevada en plena primavera. La sensación de sentirte minúsculo entre tanta montaña y admirar a los que una vez sobrevivieron en aquel laberinto nevado (¡Viven!).

Los dos primeros días en nuestro departamento de Santiago de Chile, me sirvieron de aclimatamiento tanto a la temperatura (del otoño frío a la primavera de 30º durante el día), como a horarios (sólo cuatro horas menos que en España), a la moneda (1€ son aproximadamente 700 pesos chilenos), a saber que en todos los bares/restaurantes te “sugieren” la propina del 10% (los empresarios ponen sueldos bajos y se compensa con el pago extra que hace todo cliente), a sorprenderme por el uso indiscriminado de bolsas de plástico que usan en todos los establecimientos (pude tener unas veinte en las primeras 48 horas), a ver perros abandonados por las calles (ocurre por todo Chile por falta de concienciación, como me decían los propios residentes), y al idioma (que a pesar de ser el mismo siempre hay discordancia en algunas palabras o expresiones, y eso es maravilloso).

Tren cargado de cobre atravesando Antofagasta

Tren cargado de cobre atravesando Antofagasta

El recorrido por el país chileno comenzaba viajando al norte a Antofagasta (la perla del norte es como la llaman), ciudad minera que se extiende en paralelo entre el océano pacífico al oeste y rodeada de montañas al este. La ciudad te recibe con su monumento natural llamado La Portada, donde el agua y los vientos te demuestran su fuerza en la erosión caprichosa del terreno.

La Portada. Detrás se ve Antofagasta

La Portada. Detrás se ve Antofagasta

Al salir de Antofagasta es donde el desierto de Atacama (el más árido del planeta) se hace infinito con sus interminables rectas y a través de las ventanas del auto se ve como el sol abrasador fusiona el horizonte haciéndolo desaparecer. Mi mente había dibujado una gran urbe de San Pedro de Atacama, pero no podía estar más equivocado pues las pequeñas casas hechas de barro y adobe te transportan al pasado con una reconfortante bienvenida. Muchos son los mochileros, aventureros y excursionistas que pasean por sus calles en busca de un recuerdo o un tour que les ofrezca alguno de los innumerables lugares que hay por visitar. Lo primero que te advierten al llegar, es que cuidado con el mal de altura, ya que el oxígeno que respiramos está en menor proporción (ni os imagináis lo difícil que es prender el carbón de una barbacoa a esas altitudes), y para ello es mejor que hagas los esfuerzos de forma dosificada, beber mucha agua y no beber cerveza, mejor un vino en caso de beber alcohol, porque la evacuación de líquidos es importante tenerla controlada y ya sabemos como se las traen los “refrescos” de cebada. Como remedio para no apunarse puedes comprar fácilmente en cualquier puesto: hojas, caramelos o té de coca.

Calle céntrica de San Pedro de Atacama

Calle céntrica de San Pedro de Atacama

La primera excursión que hicimos en Atacama fue para ver el atardecer en la laguna Chaxa, la cual forma parte de la reserva nacional de flamencos. La laguna está en el centro del salar de Atacama, suelo blanco debido a las grandes concentraciones de sal de la superficie. Si te gusta la fotografía querrás  captar la luz del atardecer sobre la laguna en cada una de sus fases, eso sí, ve preparado con algo de abrigo porque en cuanto el Sol se va, el viento aumenta y la temperatura disminuye rápidamente. ¡Bienvenido al desierto y a sus temperaturas extremas!

Flotando en la laguna Cejar

Flotando en la laguna Cejar

Laguna Chaxa al atardecer

Laguna Chaxa al atardecer

Al día siguiente aprovechamos las altas temperaturas para darnos un baño en la laguna Cejar. La característica que tiene bañarse allí es que flotas como un corcho al tener tan alta concentración de sal (al igual que ocurre en el Mar Muerto). Yo que nunca me había metido en tales aguas, aluciné con la sensación de empuje hacia arriba que te lleva a una total relajación y a convertirte en una colchoneta inflable a la deriva. Te advierten al llegar que no metas la cabeza bajo el agua para evitar que te piquen los ojos, pero os digo ya que lo ideal es ir con agua de sobra para poder quitarte la sal del resto del cuerpo porque al cabo de unos minutos cubiertos de tales cantidades salinas por la piel, se hace molesto. Existen duchas públicas en San Pedro por el precio de 1.000 pesos (1,4€ aproximadamente), pero el pueblo se encuentra a 30 km de la laguna Cejar, por lo tanto si no vais preparados para quitaros la sal, os tocará convertiros en rocas saladas hasta que lleguéis allí.

Para terminar el día fuimos a perdernos por el Valle de la Luna, un lugar inhóspito donde la fauna y flora son prácticamente nulas. Creo que no hay mejor nombre para describir el panorama que se presencia. Estoy convencido que todos al llegar allí pensaríais lo mismo que pensé yo: “es como estar en la Luna de verdad”. Todo lleno de pequeños y grandes montículos, el suelo resquebrajado y exactamente el mismo panorama en cualquiera de las direcciones que mires. Ya quisiera Hollywood tener una localización así para grabar escenas lunares o de planetas muy muy lejanos.

Valle de la Luna

Valle de la Luna

Colegio de la ciudad abandonada de Chuquicamata

Colegio de la ciudad abandonada de Chuquicamata

La última parada de nuestro viaje por el norte era la mina a cielo abierto más grande del mundo situada cerca de la ciudad de Calama. Ya con su lema: Tierra de sol y cobre se puede intuir que las temperaturas serán altas y que muchísimas personas dependen de la minería, y así es. Nuestra visita era a la mina cercana a Chuquicamata, donde la última familia fue desalojada en 2008 dejando una ciudad con colegios, parques, iglesias, cines, …, totalmente abandonada e impregnada de carteles de advertencia y peligro. Nos explicaron que “el traslado” de familias de allí no era por el peligro de la mina en sí, si no por la planta de tratamiento que se encarga de extraer el cobre de la roca y los gases que se generan. Visitar una ciudad fantasma, a mi personalmente me impactó.

Camiones transportando rocas en la mina (comparen tamaño de las furgonetas con los camiones)

Camiones transportando rocas en la mina

La mina impresiona en cuanto el autobús empieza el camino de subida y te explican los costos de mantenimiento de los camiones que allí trabajan (si no recuerdo mal cada rueda de esos camiones gigantes cuestan 10.000 dolares y sólo duran ocho meses). Los camiones repletos de roca tardan en recorrer el camino desde la parte baja de la mina hasta arriba aproximadamente una hora, para que os hagáis una idea de la inmensidad de aquel agujero (si miráis la foto donde salen, comparadlos con la furgoneta que los sigue y veréis su tamaño aproximado). Otro dato que absorbí sobre el trabajo que allí se realiza es que de cada 100 kg de roca extraída sólo 1 kg es cobre, es decir el 1%, y sin embargo es suficiente entre eso y otro tanto de molibdeno para costear el mantemiento y hasta tener beneficios.

Mina de Chuquicamata

Mina de Chuquicamata

Bueno, sé que me ha quedado muuuuuuuuuuy extenso, pero me pongo a recordar y me salen las palabras a borbotones. Os prometo que aunque no lo parezca, he intentado resumir, pero son muchos lugares los que he visitado y quería compartirlos toditos. Espero terminar de contaros el viaje en la siguiente entrada, os adelanto que habrá glaciares y volcanes en activo.

Un saludo enorme, felices fiestas atrasadas y el deseo enorme de que paséis un 2014 maravilloso: el técnico ambiental.

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8 Respuestas a “Mi viaje a Chile I

  1. Parece que no has perdido el tiempo por ahí 😉 me ha resultado especialmente interesante la parte en la que hablas de la minería, ya que hace poco me examiné de recursos geológicos y el tema me pilla reciente

    Un saludo y feliz 2014 a ti también (con aún más retraso)

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